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El Canalla abrió el marcador a través de Damián Martínez, mientras que Castro empató para el dueño de casa. Ambos equipos se brindaron al máximo y animaron uno de los mejores partidos en lo que va de la Liga Profesional

En el Coloso Marcelo Bielsa, Newell’s y Central protagonizaron un clásico de Rosario para el recuerdo. Empataron 1-1, pero ofrecieron un gran espectáculo, por entrega, calidad de juego y situaciones de gol. Damián Martínez, de cabeza, abrió el score para los Canallas, en el inicio de la segunda parte. Minutos después, igualó Nicolás Castro. Los dos conjuntos hicieron méritos para quedarse con los tres puntos, pero los que ganaron fueron los espectadores.

El cotejo se jugó a una intensidad vertiginosa. Con presión extendida de ambos bandos (más efectiva e incisiva la del dueño de casa), mucho ritmo y buen trato de pelota. Por momentos, la mitad de campo se convirtió en una autopista.

Así, las llegadas de riesgo aparecieron en ambas áreas. A los 6 minutos, Aguerre firmó unas atajadas del campeonato ante la arremetida del uruguayo Zabala. Luego, llegó la andanada de la Lepra, siempre con Cristaldo como protagonista, antes de abandonar el campo por lesión (lo reemplazó Ramiro Sordo).

A los 14, inventó una mediavuelta que se fue apenas desviada (y rozó en un adversario, por lo que debió ser córner). A los 16, entró solo por el centro luego de que NOB detectara una falla en la salida visitante, pero definió sin fuerza y al medio. Y a los 25, antes del final de su actuación, montó un gran unipersonal, pero su remate se fue por encima del travesaño.

Central se encendió cuando pudo mover más cómodo la pelota o cuando se encendió Vecchio. Como a los 32, cuando hilvanó un par de gambetas, descargó para Zabala, quien habilitó a Martínez. el lateral ex San Lorenzo e Independiente probó de derecha, pero a su intento le faltó precisión. A los 38, Luciano Ferreyra sacó un teledirigido que Aguerre, una vez más, resolvió sacando hacia un costado. Y a los 45′, tras una gran jugada colectiva, el propio Ferreyra le puso el moño con un derechazo que besó el poste de la valla del dueño de casa.

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