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El Millonario resolvió el pleito en el primer tiempo y volvió a tomar siete puntos de ventaja respecto de Talleres de Córdoba, su más inmediato perseguidor

River Plate es un tren que sólo piensa frenar en la estación que lo corone como campeón de la Liga Profesional. En el Monumental, le ganó 5-0 a Patronato y nuevamente estiró a siete puntos la luz de ventaja sobre Talleres de Córdoba, su escolta, a cinco fechas del final del torneo. Julián Álvarez (por cuatro) y Agustín Palavecino anotaron los goles para el elenco dirigido por Marcelo Gallardo, que solucionó el trámite en el primer tiempo.

Las estrategias quedaron en evidencia desde el pitazo inicial. River, intentando elaborar con paciencia, desde el toque y la movilidad, con el equipo bien ancho y presionando alto. Los entrerrianos, apostando a agruparse con las líneas juntas, empezando a ofrecerle resistencia a la conducción rival a partir de la mitad de la cancha.

Así, los conducidos por el Muñeco movieron la pelota hasta olfatear el resquicio, mientras su adversario apostó a que Sosa Sánchez aguantara lo que le llegara para convidar a sus compañeros a avanzar. No resultaba una situación cómoda para el local. En consecuencia, el remate desde afuera del área pasó de ser un recurso necesario, a la llave para resolver el pleito.

A los 12′, tras una recuperación de cabeza de Enzo Pérez, Palavecino avanzó, encontró espacio y probó de lejos con precisión: 1-0. La acción no cambió los planes del Patrón ni tampoco la ambición de la Banda, que siguió buscando y continuó encontrando. A los 25′, otro remate lejano de Álvarez requirió la reacción de Ibáñez. Y a los 30 llegó el 2-0, luego de que el portero diera rebote tras un intento (también a distancia) de Enzo Fernández, que pescó Julián Álvarez.

El duelo se terminó de romper. Cada remate de River (fueron 7) tuvo aroma a grito. Del otro lado, apenas una vez tuvo que responder Armani, ante un tiro de Sosa Sánchez. A los 36 minutos del primer tiempo, Ibáñez intentó gambetear a Álvarez en la salida, quien adivinó la intención y le robó el balón. Acto seguido, lo introdujo en el arco, aún ante el escaso ángulo que tenía.

Y hubo tiempo para más. A los 40′, alargó Casco, Rollheiser desbordó por izquierda y soltó el centro trás para Palavecino, quien shoteó. Ibáñez atajó, pero la pelota, mansa, quedó para Julián Álvarez; una prueba más de su estado de gracia.

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